miércoles, 23 de junio de 2010

junio del 2010. Samantha Abarca Vindas.

Estructura, construcción del espacio, acomodamiento de los elementos, lleno y vacío, sensación, intencionalidad.
¿Teatro o arquitectura?
Tanto la arquitectura como el teatro nos permite desarrollar una creación espacial, y localidad de un espacio se podría describir como una teatralidad. El espacio arquitectónico o creado, juega con los elementos atentando entre el lleno y el vacío. El conjunto de sensaciones producidas por un espacio creado (adrede o no) definen su teatralidad.
El teatro es posiblemente el arte más semejante a la arquitectura (esto sin entrar en la discusión de la arquitectura si arte o si ingeniería).
Se da una variedad y cantidad muy intensa de materiales posible, de materiales que se acosan constantemente. Posibilidades. En ambas áreas existen tantos planos que tomar en cuenta, tantos instrumentos que potencian las posibilidades de creación a niveles que otras disciplinas no pueden alcanzar.
La modificación del espacio, la creación del espacio, y más aún, la creación de un ambiente o varios, sus respectivas transiciones, potencias, niveles; dan la oportunidad de que el espectador se confunda con la obra.
Yo puedo mezclarme con la obra, establecer un diálogo entre mi bagaje personal y los elementos que me componen un ambiente, esos mismos elementos que se transformarán en signos con mi interpretación personal.
¿Teatro o arquitectura?
Sin embargo, como en todo, existe un momento donde podemos ver la fina línea que divide las cosas desvanecerse entre lo que consideramos teatro y arquitectura. Se desintegra el muro de Berlín que siempre le aconsejamos en nuestra mente a los conceptos para instalar el orden mental que necesitamos. Comienza entonces un acercamiento canibalístico donde los recursos de uno van ingiriendo al otro, y la arquitectura se vuelve un recurso complejo, pero un recurso al fin y al cabo, del teatro.
El teatro engulle lo vivo y lo muerto, la arquitectura lo intenta pero no lo logra. La arquitectura trabaja con lo muerto para lo vivo (o para lo muerto) y el teatro no finge, lo hace. El teatro está vivo y utiliza lo muerto. No parodia lo vivo, lo es.
Tenemos entonces a disposición del teatro toda la riqueza de la arquitectura, tenemos teoría Falta un ejemplo tangible, “El Sueño de Andersen” del Odin Teatret, con esa muestra para qué este artículo.

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